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martes, 22 de marzo de 2016

Marhaba. This is Idomeni.

   
Quisiera poder compartir lo que se siente al caminar por un campo de refugiados completamente desbordado de gente y vacío de recursos. Llevar mis ojos hasta lo más hondo de caras magnéticas, magníficas, desesperadas.

Explicar que la humanidad no muere aquí porque la humanidad lo es todo: lo bueno y lo peor. Las lentes que vienen, capturan, despojan el sufrimiento intimista y lo interpretan en lenguas de babel. Pero recordad que solo es papel. Desde la otra cara, papel es sinonimia de poder: billetes, documentos, la ley. Y nadie los ha podido romper.

Describir miradas que se vuelven de barro y sonrisas de hielo, impunidad del chaleco, estandarte de borregos. Es difícil soñar cuando la lluvia empapa la salud de tanta gente. Los pequeños tosen los juegos del hambre. Resquicios de dignidad se mecen entre alambres, en protestas de cartón, en conversaciones punzantes.

Vergonzosa bienvenida. Me he sentido culpable por mi buena suerte, nacionalidad y genes; Europa en sombra de privilegios no compartidos, si bien nadie somos libres, hay “nadies” bien más vívidos. ¡Haram!

Olvido el singular al estar llena de historias de otras personas, que sufren. Alguien me ha dejado unirme a su viaje: árida huida, pasos descalzos y frío. Pero a todos los han detenido, sueños incluidos. Alguien me ha acariciado el alma, yo, que idolatro la substancia! Mi sol, radiante de humildad, imposible aunque se niegue. También alguien busca allí el significado de la vida, pregunta, ansía completar un rompecabezas de palabras y encontrar su respuesta. Yo le contesto: Esperanza. Y quiero creer tan fuerte…

Es complicado hablar con este piano de letras sin palabras que afinen demasiado. Es una oda a los refugiados, sonata a los ilegalizados y un réquiem a la política Europea.

Hoy soy útil como nunca lo había sido. He venido a colorear un vacío. Ayudadnos. Ayudaos.





sábado, 24 de mayo de 2014

Antes de que todo cambie

Dejarte ser por introspección, caer sobre genios desde la rama de un algo,  la vida en la mochila, visión obtusa sin más, cuentacuentos sin fronteras o pretensiones, mentidades ciertas, divertidísimas.

Luciérnaga del día, tozuda sin zapatillas, juventud sin interrupciones, como fluye si me escapo, peros y más, pero aprendo, fuera bambalinas y aceptas porque así eres, o lo intuyes entre comillas.

Melodía difusa, domesticando futuros, si acaso y me dejo. Cuantos misterios, tempo de algún reloj ignorante que pretendo olvidar, pliegues de mujer, risa de picariña.

Demasiado presente, sensorial e intenso, este momento que resumo en 25 años.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Me "Des-Quito"


Cada mañana el pavo que grazna, gorgoja y grita, picotea mi ventana a las 6 y 20 de la mañana, con precisión. Sin embargo hoy no me ha quitado el sueño, lo llevo todavía puesto.

 
Vías tranquilas de mujeres constantes, con sus larguísimos cabellos de aguacate y agua de selva, tropicales sirenas con “guaguito” al ristre, siempre, estoicos semblantes de tagua tallados en brasas de sol.


Endulzando el día con guayusa, arroz a raudales y asado en domingo, paseos al río o a la cascada, morada de Arutam, dios de los dioses, naturalmente. Tantos Shuar que andan a mi lado mientras olvidan su raíz a cada paso, apenas se delatan ya por su mirar rasgado, quizás menos terso que sus lampiños brazos.

Para saber dónde está, no importa qué, cómo, dónde ni cuándo, contestan “p allá” con un gesto vago, mirando pasar mi reflejo de gringa, sabiendo que tenemos un dólar en mano, sin tener claro si en España  se habla, o no, el castellano.

Y en un baile armonioso que trazan los cuerpos, bailan y es terapia. Yo, que me muevo, parezco más bien… una guardada tilapia :P jejejej


Caen noche y lluvia parejas, en una tormenta de rayos de luna. Entiendo que los poetas la apoden lucero, tan clara la leo en el oscuro cielo.

Tan fácil sería que los patos encontraran el eco en mi hueca cabeza como yo el eureka, con la solución para un occidente humano. Nuestras manos tan vacías y tan solteras, de poder y comunidad, que guarda sin anillos un tesoro, en un humano apretón, caricia o bofetada. De todas ellas aprendemos un efímero contacto.

Sin tiempo para soluciones, una voz potente y masculina me retrae del maravilloso caos de raza y contradicciones, con un: “servidos señores!”. Todavía me despierto a tiempo, pero sin rimas que expresen el sentir de este periodo de mi vida pasado, para contemplar cómo se agranda en mis ojos  el aeropuerto de Guayaquil.